Turquía, que mantiene lazos culturales y religiosos con el pueblo de habla turca uigur de la región noroccidental china de Xinjiang, escenario de sangrientos disturbios étnicos, llamó a las autoridades chinas a actuar con moderación, afirmando que no podía permanecer indiferente a su suerte.
“El pueblo turco se siente muy cercano del pueblo uigur con el que mantiene relaciones fraternales y comparte sus sufrimientos”, afirma un comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores en el que expresa su “preocupación”.
Turquía “quiere pensar que las autoridades chinas respetarán escrupulosamente la seguridad de las personas, durante los esfuerzos desplegados para restaurar el orden”, recalca el documento.
También insta a Pekín a respetar las normas internacionales en materia de derechos humanos.
El gobierno chino desplegó este miércoles a miles de miembros de las fuerzas de seguridad en Urumqi, capital de Xinjiang, tras tres días de disturbios entre uigures y hanes (la etnia mayoritaria en China).
Las autoridades chinas dieron un balance de 156 muertos y 1.080 heridos, pero los uigures en el exilio contabilizan al menos 400 muertos, sólo en su comunidad.








